
San Francisco de Asís, creador del pesebre, introduce dos nuevos elementos en la representación del nacimiento del niño Dios. Son el burro y el buey. El buey, animal fuerte y fiel, seguramente lo ha deducido puesto que las narraciones bíblicas nos hablan de un establo; el burro recuerda a aquel animal en el cual se trasladó María desde Nazaret hasta Belén.
En estos dos animales, se representa toda la armonía de la naturaleza que llega a su plenitud en Jesucristo. También se nos recuerda que aquél a quien nadie quiso recibir en su casa, fue calentado y acogido por estos animales.



El Dios creador, que nos recuerda su amor en cada huella de él que encontramos en la naturaleza, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.


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