“Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”
Mc. 1,3

La conversión no es otra cosa que dejar de vernos a nosotros mismos y caminar viendo hacia el Señor y que mejor manera de hacerlo que salir al encuentro de Jesús presente en los pobres, en los enfermos, en los que están solos, tristes y/o abandonados.
“Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme. Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.” (San Mateo 25:36.40)
Recibamos al Señor con nuestro corazón lleno de amor por los demás.
Recemos en familia en torno a la Corona de Adviento


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